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Ballet
15 de Junio de 2016

Provocar una pregunta

Por Brian Majlin

Mientras la danza contemporánea gana terreno a nivel mundial, e incluso halla resquicios en las programaciones anuales de los mayores teatros de ballet clásico del mundo, y cuando aún resuena la ovación para la puesta de Dido y Eneas que presentara la coreógrafa Sasha Waltz en su escenario central, llega al Teatro Colón la Noche Contemporánea. Una semana, del 21 al 25 de junio, en que la experimentación y la modernidad encuentran su lugar.

La tensión permanente entre lo clásico y la novedad, que recorre a espacios arraigados en el imaginario colectivo y en el acervo cultural de un país como el emblema clásico -tal el caso del Teatro Colón-, obligan a un ejercicio reflexivo constante para hallar nuevos lenguajes, modos contemporáneos y experimentales -aunque ampliamente instalados a esta altura- y encontrarle un hueco en el calendario.

Por eso, los coreógrafos argentinos Constanza Macras y Walter Cammertoni destacan la posibilidad de presentar lo suyo en este escenario y se animan a pedir más espacio, ya no para ellos sino para todos los contemporáneos. E incluso para el ballet clásico.

Rescatan la dinámica de trabajo, la maleabilidad y adaptación de los bailarines -tanto el Ballet Estable del Teatro Colón como los alumnos del Instituto Superior de Arte- para establecer un acompañamiento empático y se muestran felices y expectantes. Serán cinco funciones en las que se presentarán AMOR, EL MIEDO DESAPARECERÁ (Walter Cammertoni sobre música de Bach y con vestuario de Renata Schussheim); BOSQUE DE ESPEJOS (Constanza Macras, con música de Purcell, Webern, Bach y Berg, textos de Michel Foucault y vestuario de Allie Saunders), POR VOS MUERO (Nacho Duato con música de Jordi Savall, texto de Garcilaso De La Vega y voz de Miguel Bosé) y IN THE MIDDLE SOMEWHAT ELEVATED (William Forsythe con música de Thom Willems).

Afincada en Berlín, fuera del país desde 1992, reconocida en el mundo por su compañía Dorkypark, con la que vino y sedujo al público local en dos oportunidades en el FIBA, Macras trabajará con casi 30 bailarines (dos repartos) que interpretarán muertes clásicas en el ballet y un trabajo en el que se propuso indagar sobre la finitud del cuerpo con bailarines de años y que hace tiempo no bailan en roles centrales.

El cordobés Cammertoni, por su parte, multidisciplinario entre la dramaturgia y la danza y también con años en el exterior -aunque hace tiempo ha regresado al país y reside en Córdoba- se mueve a sus anchas en la indagación sobre el amor, una de sus obsesiones recurrentes, para la que trabaja con 20 bailarines (muchos de ellos estudiantes del ISA). “Alucino con la forma de bailar y moverse de estos bailarines, porque más allá de la técnica clásica se mueven bien en otras aguas. Se ha formado una relación un vínculo que precisó primero confianza y nos da mucha alegría”, dice.

Consultados sobre la importancia de que la danza contemporánea tenga su noche en el Colón, vuelcan la experiencia cosmopolita y destacan que es algo que ocurre y tiende a crecer en todo el mundo. “Creo que es una tendencia en muchos teatros y óperas en el mundo. Ha pasado el año pasado en París y me tocó hacerlo en Gotemburgo, y se va reformando en lenguajes contemporáneos. No es qu tenga que pasar aquí, pero es muy importante que se abra a esos otros lenguajes, es muy positivo eso”, dice Macras.

Han estado fuera mucho tiempo, ¿es diferente el vínculo con la danza contemporánea?

Cammertoni: Depende del país. En Alemania o Francia sí, pero en España o Italia es más similar a Argentina. De todos modos hay que tener cuidado porque eso cambia muy rápidamente.

Macras: En Alemania, Francia, Escandinavia, la danza moderna y en general está muy presente. cada ciudad francesa tiene su centro coreográfico, junto a Bélgica son los países más fuertes. Luego Alemania, que tiene teatros estatales en cada lugar. A veces se da que se plantean las funciones según la atracción del público y va del neoclásico al moderno y de ahí al musical incluso.

¿Siempre está presente el problema de la popularidad y de cómo atraer público?

Macras: También pasa en Suecia eso, donde arman toda la temporada en función de los musicales, que tenían más fechas que la ópera y el ballet, y que son armados con una compañía contratada especialmente para eso. Pero hay más lugar para la danza moderna y la experimentación.

¿De qué depende la búsqueda o formación de nuevos públicos?

Macras: Hay que cuidar lo autóctono o la formación más allá del pop y lo popular. Hay formatos populares que destrozan la percepción popular de la danza. Es una promoción pero negativa, se pierde lo sutil, lo artístico y elevado que tiene la danza.

Cammertoni: Creo que lo que aquí se armó, esa diversidad que hay, es fundamental y muy rico para invitar a la gente. Y esta oportunidad para la compañía va a cambiar algo.

Macras: Yo tenía mucha formación y era de venir al ballet con mi madre, pero desde pequeña tenía esas fantasías e imaginación contemporánea. Algo que se forma en la cabeza y hay que proteger esa libertad creativa. Este programa es muy dinámico y diverso, y exige una super versatilidad del cuerpo de baile; y va a ser un estímulo y desafío para el público, va a despertar curiosidad.

¿Cuánto lleva pensar y armar una coreografía?

Macras: Depende de la creación, del tiempo que tenga. Si es mi compañía en Berlín uso 3 mesesy desarrollamos, es un proceso muy intenso, de 8 horas al día, donde entramos en época de investigación, ideas, un sujeto que se investiga y se trabaja en forma ardua. Si es algo a pedido, puede ser en 2 meses o más rápido. Pero el ideal es trabajar con tiempo.

Cammertoni: Tengo la sensación de que no paré de trabajar en todo este año desde que me enteré. Pero en un momeno sentí la necesidad de tener a los bailarines. Siempre trabajo con lecturas, charlas, investigación, videos: con esa ayuda el bailarín entiende lo que hay que preguntarse o decir y todo cambia, fluye y rinde más el tiempo. El otro día leímos y escribimos y eso sé que va a rendir más que un ensayo de danza tal vez. Necesito tiempos de reflexión, soy lento (risas).

Toda disciplina artística conlleva un mensaje, explícito o no, pero en el caso de la danza, por su abstracción, es más complejo: ¿cómo son los modos de decir en la coreografía?

Macras: Yo trabajo mucho conceptualmente, trabajo con ideas concretas y tengo la premisa, sin ser populista, de que la gente entienda. Por eso trabajo con textos en este caso.

Pero son textos de Foucault, tampoco son simples…

(Risas)

Macras: Pero es como que una obra es todo un universo que te acerca a una idea. Todos son elementos, indicios que te van guiando hacia un concepto. No es exacto y preciso lo que uno quiere decir, pero a veces se trata de generar un interrogante. No quiero decirles algo, sino provocar una pregunta.

Cammertoni: Yo confío mucho en lo que provoca y genera movimiento y la energía del cuerpo. Intento, aunque no siempre lo logro, que la cabeza deje de funcionar por un instante y se conecten con el interior, que vayan al neutro. Y en este caso hay una dramaturgia muy fuerte en la música, que va guiando la escena y al espectador. Y después trato de reflejar ese tormento de Bach tras la muerte de su esposa: intento que contemos eso, ese maltrato de las personas, que nos pasa a diario. Hay un paralelismo entre la obra coral, los personajes, y lo que vivimos: intento que se produzcan sensaciones para que la gente deje de pensar un instante y se conecte con el corazón, que se relaje, que se generen sus propias historias más allá de nuestros planteos, y que caigan preguntas.

¿Hay un requisito en la multidisciplinariedad a la hora de dirigir, para tener más elementos en el lenguaje propio?

Cammertoni: Conozco artistas plásticos que han terminado haciendo coreografías fenomenales, pero tiene que ver con esa sensibilidad y formación previa. Siempre crecomiendo a los bailarines y a toda la gente con la que trabajo que vean películas, teatro, lean y demás: uno baila con todo eso que queda impregnado desde que nació.

Macras: Yo uso imágenes de mi pareja y cada vez que saca fotos en los viajes las uso. Y ahora saco en Buenos Aires fotos, y vi que siempre hay algo coreográfico en transmitir la calle: si lográs reflejar eso, te está saliendo genial, porque la calle es una puesta coreográfica constante. Un coreógrafo tiene que estar siempre alerta.